Arqueta del cordero: historia, símbolos y esmaltes de un relicario mozárabe-hispano

A partir del siglo XII, los monjes del monasterio de Silos acometieron una intervención consistente en la sustitución de diversas placas originales, concretamente las del lateral izquierdo y la parte superior de la tapa, que fueron reemplazadas por placas de cobre dorado decoradas con esmalte champlevé, pertenecientes a la escuela silense. En los bordes superiores de los costados de su cuerpo, junto a la tapa, se conservan inscripciones cúficas originales, cuyo texto permite afirmar que su elaboración tuvo lugar en la ciudad de Cuenca en el año 1026 d. La cara frontal de la arqueta está compuesta por placas de marfil dispuestas horizontalmente entre dos junquillos lisos, configurando la superficie en tres registros decorativos. Las dos zonas superiores se ven interrumpidas por la placa que albergaba originalmente la cerradura. En los extremos se representan cazadores tensando sus arcos, en actitud de disparar contra leones que los acometen. Aparecen dos grupos de grifos afrontados, separados por un hom o árbol de la vida, cuyas ramas se prolongan en un elaborado ataurique. La parte trasera o posterior de la arqueta presenta una ornamentación muy similar a la de la cara anterior. No obstante, la disposición de los elementos se ve alterada por la presencia de los herrajes correspondientes a las bisagras, lo que obliga a modificar la distribución de los paneles con respecto al anverso.

Contexto y tipología de la arqueta

El costado derecho de la arqueta conserva, en su borde superior, una inscripción en grafía cúfica florida, bajo la cual se desarrolla una decoración horizontal articulada en tres franjas, delimitadas entre dos junquillos. El costado derecho de la arqueta conserva, en su borde superior, una inscripción en grafía cúfica florida, bajo la cual se desarrolla una decoración horizontal articulada en tres franjas, delimitadas entre dos junquillos. " ....ma bi-amana li-sahibihi Atala Allah biqahi. Mima `amilu bi Madinat Qu(nka)....." / (sanat) sab`a `asra `a wa arb `a maia. `Amilu Muhammad ibn Ziyad `abdihi. El primer fragmento indica que: " (....) favorable para quien sea su propietario. !Que Dios le conceda larga vida! (Esto forma parte de lo que se ha realizado en la ciudad de Cuenca). El segundo de los fragmentos, que es el final del texto, se traduce por:" en el año cuatrocientos diecisiete. Obra de Muhammad Ibn Ziyad, su servidor.

La tapa de la arqueta ha perdido las placas de marfil que originalmente cubrían uno de sus laterales. La superficie superior de la tapa fue sustituida durante las reformas del siglo XII por una nueva pieza en cobre dorado con esmalte, propia de la escuela silense. El lado derecho de la tapa sí conserva sus placas originales de marfil, las cuales presentan una delicada decoración vegetal. Este domingo 15 de marzo se inaugurará una exposición de las arquetas medievales del Monasterio de Santa María la Real de Fitero. Con esta exposición se permitirá a vecinos y visitantes conocer estas piezas de gran valor histórico y artístico, cuyo traslado ha sido llevado a cabo por la institución Príncipe de Viana. Esta exposición supone un hecho histórico para la localidad, ya que al ser el Monasterio de Fitero uno de los pocos que se ha conservado como parroquia, se salvó en parte de los desmanes de la desamortización y mantuvo su patrimonio. Estas arquetas forman parte de la historia del monasterio y de la vida religiosa de Fitero.

Funciones y acompañamientos litúrgicos

Según la tradición, estas piezas custodiaban diversas reliquias que fueron entregadas al monasterio en el año 1523, procedentes de la catedral de Pamplona. Con el paso del tiempo, los abades del monasterio fueron ampliando el conjunto de reliquias, entre las que se encuentran algunas de gran devoción como el brazo de San Raimundo, reliquias de San Blas o el insigne Lignum Crucis. EL CAPÍTULO DE LA ORFEBRERÍA Y ESMALTERÍA está magníficamente representado en el monasterio silense; la perfección de la esmaltería, en concreto, ha generado un taller con características propias, como luego expondré. Dividiré en dos apartados este capítulo, el primero de los cuales versará sobre la orfebrería, donde se analizan objetos litúrgicos fabricados en materiales nobles, fundamentalmente la plata, y el segundo sobre la esmaltería, fabricada sobre materiales más modestos, cobre y bronce fundamentalmente, ennoblecidos por medio de variadas técnicas ornamentales, que les confieren un carácter exuberante.

Orfebrería y el cáliz de Silos

En el primer apartado se incluyen las piezas soberbias que atesora el monasterio silense, el cáliz y la patena, importantes no sólo desde el punto de vista artístico, sino también histórico. La “Cena del Señor” o “Fracción del pan” fueron los primeros nombres de la misa, desde el tiempo de los apóstoles. La eucaristía fue instituida por Cristo en la noche del Jueves Santo, en presencia de los apóstoles. Se trataba del sacrificio incruento de Cristo, que anunciaba el cruento, es decir, la pasión. Como testamento, deja a los apóstoles y sucesores en el sacerdocio el poder de realizar en su nombre lo que Él mismo acababa de celebrar, el sacrificio eucarístico. Los discípulos recogieron el mandato de Cristo, y como se indica en los Hechos de los Apóstoles, todos ellos “permanecían perseverantes en la doctrina de los apóstoles y en la comunicación de la fracción del pan” (Act II, 42).

El modelo por ellos seguido para la celebración eucarística fue la Última Cena, según un esquema que se descompone en cuatro actos: plegaria eucarística, consagración y fracción del pan para distribuirlo en comunión. Dado que la celebración eucarística es el punto focal de los ritos cristianos, a ella hay que referir de manera particular los vasos, ornamentos y libros litúrgicos (A. Franco Mata, 1999, p. 205).

El más importante de los primeros es el cáliz, identificado por San Pablo con la sangre misma de Cristo. El cáliz de Silos pertenece al tipo denominado ministerial, destinado a la distribución de la comunión con la Sangre de Cristo, que era sorbida por medio de una cánula (M. Righetti, 1955, p. 508; AA.VV., 1995, pp. 40-41; M. M. Gauthier, 1990, pp. 379-382; I. G. Bango Tor viso, (dir.), 2000, pp. 331-332).

La patena, de estilo más fino y técnica más depurada, delata un arte más tardío y se ha propuesto su realización en torno a 1073 o algo más tarde, tal vez durante el abadiato de Fortunio (M. M. Gauthier, 1990, pp. 382-383; AA.VV., 1995, 42-43) o incluso en el siglo XII (I. G. Bango Torviso (dir.), 2000, pp. 342-343), aunque no es fácil establecer más precisiones. A pesar de ser posterior al cáliz, su estructura y técnica remiten a la tradición mozárabe. Los ocho lóbulos en que está dividida la superficie están en relación con la costumbre litúrgica de agrupar las oblatas en determinada forma simbólica asociada a nueve momentos de la vida de Cristo; hay que considerar que a los ocho lóbulos se unía el central, ocupado actualmente por un cristal (M. Righetti, 1955, I, p. 515).

Dicha disposición coincide con la patena del abad Pelagio, actualmente en el Museo del Louvre. La especial devoción de que se hizo acreedor San Sebastián se refleja en otras donaciones. El mismo Santo Domingo le ofreció una corona votiva de oro, que hizo colgar sobre el altar mayor, de dimensiones semejantes a la del rey Recesvinto, perteneciente al tesoro de Guarrazar, actualmente repartido entre el Museo Arqueológico Nacional, el Palacio Real de Madrid y el Musée des Thermes de Cluny en París. La corona, que ha desaparecido, se guardaba en el siglo XVII con extremado cuidado.

Remataba en una cabeza de Venus romana, que la tradición consideraba perteneciente a un ídolo honrado todavía en el siglo XI sobre una montaña cercana a la abadía. La cabeza se conserva en el museo del monasterio, es de bronce y parece remontar al siglo II a. C., de la época de Antonino Pío, a cuya moda del peinado de su esposa Faustina responde. Para despojarla del sentido pagano, Domingo la coronó con una paloma, donde colocó reliquias de Santa Bárbara y San Blas, que se veían todavía sobre la cabeza en tiempo de Dom Marius Férotin. Es similar a otra adquirida en 1985 por el British Museum, datable en el siglo XIII. El uso de esta paloma y de la corona se explica en el Glossaire archéologique de M. Gay, en el que se recoge un dibujo del siglo XIII. También M. Gauthier analiza la función como reserva eucarística.

Esmaltes y evolución de la identidad artística

ESMALTES A pesar de los numerosos estudios realizados hasta el momento sobre los esmaltes de Silos no se han resuelto todos los problemas, extremo, por otra parte, que entraña ciertas dificultades. La crítica francesa ha partido del presupuesto axiomático de la dependencia silense con respecto a Limoges, que se mantiene hasta el momento, a pesar de la literatura vertida en cuanto a defender la personalidad del taller de Silos. En mi opinión, para su estudio es necesario establecer un método comparativo con los esmaltes denominados tópicamente limosinos, con el fin de verificar las diferencias y peculiaridades de unos, así como las características comunes, evidentes, sobre todo a consecuencia de las relaciones generadas por el comercio y peregrinaciones.

La adscripción sistemática de los esmaltes silenses a Limoges como un axioma sin contestación comienza a quebrarse a comienzos del siglo XX. La primera propuesta de un posible origen español para los esmaltes de Silos, Burgos y Aralar, se debe a Enrique de Leguina, barón de la Vega de Hoz en 1909, con muy escasa repercusión. Así consta en el voluminoso libro de Ernest Rupin, L'oeuvre de Limoges (1890, (1977)).

Conviene recordar que las peregrinaciones jacobeas generaron contactos franco-hispanos, con amplio reflejo en Navarra, a cuya corriente denomina hispano-limosina, ocasionalmente con encargos para la abadía silense, como es el caso, en su opinión, del báculo hallado en 1960 en la tumba del abad Juan de Silos.

Esquema de la evolución de esmaltes silenses

La arqueta relicario procedente del desamortizado monasterio de Santo Domingo de Silos sintetiza lo mejor de las artes decorativas de la Edad Media hispana. En ella se unen los refinados marfiles islámicos, con los ejemplos más antiguos de los esmaltes de la escuela silense. La arqueta, de estructura prismática y cubierta troncopiramidal tiene alma de madera recubierta por placas de marfil y esmalte. Las placas de marfil proceden de los talleres califales de Cuenca y fueron firmados, en 1026, por Muhammad ibn Zayan. En el siglo XII los monjes del prestigioso taller de esmaltes de Silos reconstruyeron la arqueta árabe para convertirla en un lujoso relicario. En la parte superior de su tapa colocaron una placa de cobre dorado y esmaltado, con técnica champlevé, en la que se representa un Agnus Dei, nimbado entre el Alfa y el Omega, flanqueado por dos aves afrontadas de largos cuellos de cisne. En uno de los lados de la joya eboraria se superpone otra placa rectangular de cobre sobredorado y esmaltado -en la gama de colores se observan verdes oscuros, distintos azules, blanco y rojo-, en cuyo centro se distingue la imagen de Santo Domingo, vestido con la cogulla monacal y portando un báculo. Dos ángeles de alas desplegadas completan la composición.

tags: #arqueta #del #cordero