Advocaciones Marianas: todos los nombres con los que se venera a María, madre de Jesús. Pero ¿cuántas son las Advocaciones Marianas? Desde los orígenes de la veneración dedicada a ella, la Virgen María ha respondido a muchos nombres diferentes. Se trata de los Títulos Marianos o Advocaciones Marianas, nombres que derivan de atributos que se refieren a María en las Sagradas Escrituras o en la veneración popular, o que derivan de características atribuidas a ella o de modismos del lenguaje común.
Otras derivan de Advocaciones atribuidas por teólogos y Padres de la Iglesia a Nuestra Señora a lo largo de los siglos, como Regina Caeli, de donde procede la oración homónima con la que María es exaltada como Reina del Cielo el día de la resurrección de su Hijo, Stella Maris que indica cómo la Virgen encarna la esperanza y es una especie de estrella polar para los cristianos, especialmente para los que viajan por mar, o Torre de Marfil en las Letanías lauretanas, súplicas en forma de letanía dirigidas a Dios y a la Virgen nacidas en la Santa Casa de Loreto a partir de la primera mitad del siglo XVI, y que se dirigen a la Virgen María invocándola bajo numerosos títulos. En este caso la referencia es al Cantar de los Cantares y a las tres principales propiedades del marfil, el candor, la consistencia y el valor, todas ellas perfectamente adaptables a María.
Luego están las Advocaciones Marianas vinculadas a la devoción popular, a las imágenes sagradas o a las apariciones de la Virgen. Por ejemplo, Nuestra Señora de las Gracias asociada en muchos lugares con la fiesta de la Visitación de María a Isabel, el 2 de julio o el último día de mayo. Finally están las Advocaciones marianas de tipo toponímico, que hacen referencia a lugares queridos por la Virgen o en los que se ha aparecido a lo largo de los siglos, como la Virgen de Loreto, Nuestra Señora de Lourdes, la Virgen de Fátima, la Virgen de Medjugorje, o Santa María del Mar, vinculada a la leyenda de la estatua de María y el Niño Jesús, pescada en el mar cerca de Salerno.

Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, debe su nombre al santuario ubicado en Aparecida, en el estado de São Paulo, donde en 1700 unos pescadores tuvieron una pesca milagrosa al encontrar entre sus redes una pequeña estatua de terracota de la Virgen. Muchas, muchísimas, ¡imposible contarlas todos! En varias casas antiguas de Colmenar de Montemayor se conservan cruces grabadas o pintadas en el dintel de la puerta de entrada, en ventanas y portones. Las hay que han sido restauradas, limpiadas y conservadas para devolverles su estado original; otras, por el contrario, han sido revocadas con cal, repintadas y algunas destruidas. Los expertos que tratan estos temas dan varias interpretaciones sobre el significado de las cruces, pero todos consideran que funcionan como un 'detente' contra la entrada del mal en la casa.
Otra interpretación que se da de estas cruces es la que las relaciona con fenómenos de cripto-judaísmo. Eso es lo que ocurre en algunos pueblos de la de Sierra de Francia y de la comarca de Entresierras, donde las cruces grabadas en los dinteles de las puertas han sido relacionadas con la presencia de población criptojudía, es decir, judíos que se habían convertido al cristianismo de cara al exterior. Estos fingidos 'cristianos' para evitar represalias contra ellos grababan en los dinteles de sus casas cruces y anagramas de Jesús y María como signos que les sirvieran para hacerse pasar por cristianos viejos (es decir de toda la vida), en vez de ser considerados como nuevos conversos. En Colmenar hay alguna referencia un tanto difusa de la presencia de judíos, pero no hay datos suficientes para considerar que hubiera una comunidad judía establecida aquí y que por tanto las cruces se pudieran relacionar con el criptojudaísmo.
En una escritura de arrendamiento de 1682 se menciona el llamado castañar al judío, que lo mismo puede ser interpretado como que hubiera judíos afincados en Colmenar como que fueran propiedades de judíos de otros lugares. El II Libro de los Reyes recuerda que el gran Profeta Elías vivió cerca del Monte Carmelo, en Palestina, en el norte del actual estado de Israel y próxima a la costa mediterránea, en el siglo VIII a. C., y luchó en defensa de la pureza de la fe en el Dios de Israel con los sacerdotes de Baal que habían llevado al pueblo al paganismo. Reinaba en Israel Acab, un hombre de débil voluntad que se dejaba dominar por su esposa Jezabel, que era pagana y extranjera y deseaba imponer entre el pueblo la religión de los falsos dioses. Esta mujer perversa hizo asesinar a los profetas y sacerdotes de Dios.
Cuando parecía que ya Jezabel iba a lograr destruir por completo la verdadera religión en Israel, aparece Elías de repente en pleno reinado de Acab, para anunciar, que como un castigo por haber abandonado la verdadera religión, vendrá sobre la nación un verano de tres años seguidos. Y en efecto deja de llover durante 36 meses y el hambre y la sed hacen estragos. Elías se retira a vivir a una cueva junto a una fuente de agua y donde es alimentado por los cuervos con pan por la mañana y carne por la tarde. Por este motivo, se le considera precursor de la vida eremítica y se le representa con aspecto agreste, barbado, cubierto con túnica de pieles ceñida por cinturón de cuero y manto de piel de camello propio de los eremitas del desierto. Cuando la fuente de agua se secó, se fue a vivir a Sarepta. Allí se quedó a vivir en casa de una viuda pobre, a la que ayuda a alimentar a su hijo multiplicando el pan y el aceite.
Elías hizo que el rey Acab reuniera a todo el pueblo de Israel, junto al Monte Carmelo y también a los 450 profetas del falso dios Baal. Y estando todos allí reunidos les hizo este desafío: "Vamos a poner dos altares. En el uno estarán los sacerdotes de Baal. Y en el otro estaré yo en nombre de Yahvé. Y ellos invocarán a Baal para que envíe fuego del cielo y queme sus ofrendas. Y yo invocaré a Yahvé. Y el que responda, ese es el verdadero Dios. Descendió fuego del cielo y consumió todo el sacrificio que él había colocado en el altar, incluso después de haber inundado con mucha agua todo su altar. El pueblo emocionado ante este milagro, acabó con todos los sacerdotes del falso dios Baal.
Perseguido por la reina Jezabel, Elías tuvo que huir al desierto, donde anduvo 40 días hasta llegar al Monte Horeb o Sinaí. Fue alimentado por un ángel que le llevaba pan y agua. Durante su oración, apareció una nubecilla en una suave brisa que portaba lluvia después de la grave sequía. Elías volvió a Israel donde ayudó a nombrar como rey al general Jehú tras la muerte de Acab. Elías nombró como su sucesor a Eliseo y fue avisado por Dios de que iba a ser llevado al cielo. En la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen el profeta Elías está representado varias veces. En la bóveda de la iglesia se representan en lienzos la llegada de la nubecilla portadora de lluvia y la subida al cielo en el carro de fuego. En el camarín se representa portando el rayo de fuego. El profeta Elías que aparece en el Antiguo Testamento se relaciona con la Virgen María y la llegada del Salvador, pues al igual que la nubecilla anunciaba la lluvia que ponía fin a la sequía, la Virgen María anuncia la venida del Salvador, que pone fin a la sequía del hombre, que ansía la redención.
El monte en el que Elías vivió como eremita ha sido considerado el jardín floreciente de Palestina y símbolo de fertilidad y belleza. "Karmel", vocablo hebreo, de hecho significa "jardín" y en el Antiguo Testamento aparece también como “Vergel de Dios”. Este concepto de jardín o vergel se representa en el camarín donde las arquitecturas fingidas con columnas, dinteles y frontones enmarcados por cortinajes dan paso a un jardín donde se encuentran los símbolos lauretanos. El gran santuario dedicado a Nuestra Señora del Carmen se encuentra actualmente en el Monte Carmelo, en Haifa (Israel).

Las excavaciones han demostrado que ya desde el siglo III d.C. griegos cristianos se establecieron como eremitas en el área del Monte Carmelo. En el siglo XII algunos peregrinos europeos se establecieron en el monte para vivir en forma eremítica y en imitación del Profeta Elías. Construyeron una pequeña iglesia y la dedicaron a la Virgen María, tomando el nombre de “Hermanos de Santa María del Monte Carmelo”. Los Carmelitas abandonaron el lugar de origen hacia 1235 a causa de las incursiones y persecuciones de los sarracenos y volvieron a su patria llevando con ellos la devoción carmelita y fundando nuevos conventos. En el siglo XV y XVI la Orden Carmelita fue reformada. En España esta reforma fue llevada a cabo por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, aprobándose su nueva regla en 1562 por Pío IV. Se elimina las concesiones hechas al mundo y retorna a la vida centrada en Dios con toda sencillez y pobreza como la de los primeros eremitas del Monte Carmelo.
En Estepa nunca llegó a fundarse un convento de la Orden del Carmelo como tal, pero sí hubo un intento a finales del siglo XVI. El proyecto pretendía convertir la Ermita de la Veracruz en un cenobio carmelita y así se recoge en un acta capitular celebrado por el concejo el 16 de mayo de 1597, contando con el permiso del marqués Juan Bautista Centurión, pero la fundación no se efectuó. Este intento de fundación pudo ser promovido por la Orden carmelita de la antigua observancia que por aquella época hacía casi un siglo que los carmelitas calzados se habían establecido en Antequera en 1513 y se había fundado el monasterio de madres carmelitas calzadas de Osuna en 1564. La devoción carmelita en Estepa se debe a la llegada de la imagen de Nuestra Señora del Carmen donada por la marquesa Leonor María Centurión y Mendoza a finales del siglo XVIII a la Ermita del Cristo de la Sangre. Con el auge de las hermandades del Rosario en la villa se funda el 2 de junio de 1702 la Hermandad del Santo Rosario de Nuestra Señora del Carmen. La primera referencia de los devotos de Nuestra Señora del Carmen y la Orden carmelita se da en 1744 cuando fray Nicolás María Richieti, general de la Orden del Carmen, se basó en la Bula dada por Clemente X en 1673 a la Orden para fundar la cofradía carmelita de Estepa. La Bula facultaba a los generales de la Orden de la antigua y regular observancia para fundar cofradías con aprobación de los ordinarios. La cofradía de Nuestra Señora del Carmen de Estepa fue aprobada por el vicario Manuel Bejarano y Fonseca el 3 de julio, erigida el 31 de octubre y aprobados sus estatutos el 6 de noviembre. De ahí, que la cofradía estepeña se vincule con la Orden del Carmelo de la antigua y regular observancia conocidos como “Los Calzados” para diferenciarlos de la orden reformada del siglo XVI. El escudo de la Orden carmelita de la antigua observancia está presente en el escudo de la actual hermandad del Carmen así como en su iglesia: en el dintel de la portada y en su cancel, en el ático del retablo mayor, en el atril o en el cetro de Nuestra Señora. Aunque la cofradía estaba vinculada con la Orden carmelita de Los Calzados, también aparece el escudo de la Orden de los Descalzos en las pechinas de la cúpula del anteprebisterio. Parece ser que la hermandad comenzó la decoración interior de la iglesia con la escuela ecijana realizando el retablo mayor, los dos primeros de la nave y el cancel donde aparece el escudo de Los Calzados, y terminó con la escuela antequerana a la que se le relaciona con los dos últimos retablos, los tabernáculos y el baldaquino del camarín. La decoración de las bóvedas y la cúpula a base de marqueterías de talla pudo ser realizada por la escuela antequerana y en este cambio se usó el escudo de Los Descalzos, quizás por desconocimiento de los artesanos de la vinculación de la cofradía con la antigua observancia o por la estancia en Antequera de los conventos de los Descalzos. En el escudo de la Orden Carmelita se Diferencian dos elementos fundamentales: el campo y las estrellas en color blanco y pardo, que corresponden con los colores del hábito carmelita. Son tres las estrellas del escudo, cada una de siete puntas. La inferior representa a la Virgen “Stella Maris”, Estrella del Mar. Las otras dos superiores, a derecha e izquierda del monte, representan a los profetas Elías y Eliseo.
A finales del siglo XVIII se produce una nueva vinculación de los devotos carmelitas de Estepa con la Orden de los Calzados al fundarse la Venerable Orden Tercera de Nuestra Señora del Carmen en 1800, otorgada por don fray Roque Melchor, prior general de la Orden del Carmen. En 1241 el Barón de Grey de Inglaterra regresaba de las Cruzadas en Palestina trayendo consigo un grupo de religiosos del Monte Carmelo a los que les obsequió con una mansión en Aylesford (Kent). Los Carmelitas buscaron desde Aylesford propagar su espiritualidad por el continente. Simón Stock fue un religioso inglés que fue elegido como sexto Prior General de la Orden del Carmelo en 1247 y, según la tradición, se le apareció la Virgen María el 16 de julio de 1251, entregándole el Santo Escapulario de la Orden para la salvación de los carmelitas.
La Virgen se presentó portando un escapulario en la mano y dándoselo le dijo: "Toma, hijo querido, este escapulario; será como la divisa de mi confraternidad, y para ti y todos los carmelitas, un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno." Otra de las promesas del Escapulario del Carmen es el llamado privilegio sabatino. Según la tradición, a la muerte de Clemente V, la Santísima Virgen se apareció al Cardenal Jaime Duesa y le anunció que la Virgen María intercedería por los devotos carmelitas que se encontraran en el purgatorio, especialmente el sábado después de su muerte, si hubieran muerto con el Escapulario y durante su vida hubieran guardado castidad según su estado y rezado todos los días. El escapulario del Carmen se considera un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, "un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia".

En la Iglesia del Carmen, el Santo Escapulario de la Orden carmelita aparece representado en numerosas ocasiones. En primer lugar, lo porta siempre Ntra. Sra. del Carmen tanto en su camarín, en los cultos o en la procesión. Cuando los primeros ermitaños que seguían el modelo de vida de Elías y Eliseo se instalan en la “fuente de Elías” del Monte Carmelo, construyen un pequeño oratorio en medio de sus celdas para reunirse diariamente a oír la santa misa y rezar las horas canónicas. La capilla fue construida y dedicada a Santa María, en cuyo altar se veneraba un icono de la Virgen como titular de la misma. De ahí le vino el nombre de “Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”, tomándola como su Madre y Patrona. Esta sería la primera representación de la Virgen del Carmen que los carmelitas difundieron en los primeros monasterios de Chipre, Sicilia, Italia, Malta, Francia e Inglaterra, a imitación del ‘carmelo’ de Tierra Santa.
En la época de los orígenes de la Orden de los carmelitas y de su expansión por Europa (segunda mitad del siglo XIII) se representa a María según la iconografía mariana del mundo cristiano de Oriente. La Virgen María es representada, entre otras, como Eleúsa o Odegetría, siendo la primera de ellas la más difundida por la Orden carmelita. Además de la representación de María como Madre de Dios, la intricada complejidad de conceptos mariológicos como la virginidad de María, su Inmaculada Concepción, su Asunción al cielo o su papel de intercesora, mediadora o co-redentora en la redención se expresó en multitud de advocaciones marianas, adquiriendo cada una de ellas una determinada iconografía que le permitía ser identificada entre los fieles. Lo más común en las Órdenes religiosas es representar a la Virgen María como intercesora, vistiendo el hábito de la Orden y acogiendo bajo su manto a los religiosos. La Virgen del Carmen viste el hábito carmelita, con túnica y escapulario pardo y manto blanco. Como intercesora de los hombres, la Virgen les ofrece el Santo Escapulario de la Orden Carmelita para su salvación.
La imagen estepeña de Ntra. Sra. del Carmen fue donada por la marquesa Leonor María Centurión y Mendoza a finales del siglo XVIII. Es una imagen de candelero para vestir, con cabellera de pelo natural, realizada en el siglo XVII con leves retoques posteriores. Viste saya y escapulario marrón con manto blanco de tisú, ambos bordados en oro. La imagen estepeña es una talla que no porta al Niño Jesús, y así fue representada por su Hermandad y cofradía en las obras y decoración de su templo del siglo XVIII. Por eso, la Virgen de la portada realizada en piedra no lo lleva, ni tampoco la imagen de la Virgen de la bóveda en el lienzo de la entrega del Escapulario a San Simón Stock.
La Hermandad de Nuestra Señora del Carmen fue en su origen una hermandad dedicada al rezo del Santo Rosario. Debido a la devoción por la imagen regalada por la marquesa y al auge de las hermandades rosarianas a finales del siglo XVIII, los devotos carmelitas se organizaron en sus inicios en una Hermandad del Santo Rosario que fue fundada el 2 de junio de 1702 en la Ermita del Cristo de la Sangre. La Hermandad del Carmen aumentó su importancia en la iglesia sobre la del Santo Cristo de la Sangre, titular de la ermita, y llevó a cabo la ampliación de la iglesia, que sólo llegaba antes hasta el sitio que ocupa el púlpito. La obra de la iglesia, o mejor dicho del camarín, capilla mayor, sacristía y casa del santero, se hizo a costa de esta hermandad, resultando de sus cuentas. La Hermandad del Rosario entró en conflicto con la otra cofradía de la ermita, la del Corpus Christi, por el mantenimiento del hospital de pobres transeúntes. La solución fue la fusión de la cofradía del Corpus Christi con la hermandad del Rosario del Carmen, con más pujanza económica. La relación de la Hermandad del Carmen estepeña con el Santo Rosario queda presente en la decoración del templo con los símbolos de las letanías lauretanas que se pueden encontrar en las pinturas del camarín así como en su zócalo. En las pinturas aparece la escala, el pozo, la paloma con una rama de olivo, la fuente, el cip…

Advocación Mariana venerada en el municipio grancanario de Santa María de Guía. Se encuentra en el Camarín del Templo Matriz de Santa María de Guía, el cual preside la Santa imagen, siendo titular del mismo. La imagen de la Virgen de Guía apareció flotando dentro de un cajón en el litoral costero del norte de la isla de Gran Canaria. Por tan hallazgo milagroso se intentó llevarla a la capital grancanaria, cosa que resultó prácticamente imposible en el que se cuenta que, al llegar el cargamento de la imagen mariana al limite colindante municipal, la carga de las yuntas se hacía cada vez más pesada y a su vez disminuía la carga una vez regresaba al casco de la Villa. La primitiva imagen fue sustituida en el siglo XVI, por la que actualmente preside el Templo Mariano. Ésta se veneraba en la antigua ermita de Guía, propiedad de la familia de los Rivaroles, los cuales habían traído la imagen desde Génova para su devoción particular. Los Rivaroles, según datos históricos, ya habían intervenido en la conquista de Lanzarote y Fuerteventura, facilitando dinero a doña Inés Peraza y su marido. Eran hombres de confianza de Cristóbal Colón, que hicieron sus servicios como banqueros al Almirante y que, como todos los judíos, llegaron a la isla después de su conquista. La historia de Santa María de Guía de Gran Canaria se remonta al momento en el que el ilustrísimo Don Sancho de Vargas promovió la necesidad de la construcción de un templo en la Villa. La construcción de la primera ermita data del año 1490. De esta manera, Guía surge como un núcleo poblacional. En torno a esta ermita, un núcleo de población se integra, favoreciendo el crecimiento del pueblo. La Virgen de Guía es de tamaño natural y tiene un rostro en proporción al cuerpo, con unos grandes ojos que miran hacia abajo. La actual imagen de la Virgen es de candelero. Durante todo el año se encuentra en el Camarín del templo de Guía bajo el amparo de un trono-baldaquino de plata de 200 kilos, con «El Sol de Ráfagas y la media Luna a sus pies». El baldaquino de la Virgen de Guía fue construido en Madrid, encargado en los Talleres de Arte de Félix Granda. El 14 de junio de 1955, el baldaquino fue trasladado a Barcelona y luego a Cádiz antes de su llegada al archipiélago canario. El Camarín de la Virgen de Guía integra una habitación de cuatro por quince metros aproximadamente. A ambos lados de la boca se encuentran dos hornacinas y dos puertas, y en el fondo un ropero clásico. El estilo del Camarín es barroco-mudéjar y en el resto impera el barroco del siglo XVIII. El techo, policromado, es de lacería, con estilo netamente mudéjar. El barroco está muy presente y principalmente en los penachos y adornos de las hornacinas, que llevan una talla sobre sí. Se trata de la Fiestra Patronal de la Villa de Guía, festejada el 15 de agosto, en honor a Nuestra Señora de Guía, y la festividad se celebra el tercer domingo de septimbre. En 1811 la Virgen patrocina un milagro que se recuerda cada año con estas celebraciones. En 2012 se coronó canónicamente a la Virgen de Guía.

En la geografía española, la Virgen de Guía es ejemplo de devoción local que se vincula con historias de milagros, coronaciones canónicas y fiestas populares que fortalecen la identidad de los pueblos y la memoria histórica de las comunidades.
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