Acueductos y adoquines Feliciano: monumentalización y abastecimiento en ciudades béticas

El proceso de monumentalización de las ciudades béticas parece iniciarse a raíz de la pacificación tras las guerras civiles, el momento de la colonización cesariana y augustea y de la elevación del status administrativo de muchas ciudades del sur peninsular.

Recordemos por ejemplo que Gades se convierte con César en municipium civium romanorum, y que Italica lo haría con Augusto entre el 16 y 13 a.C.; mientras que Corduba, por su parte, adquiere el título colonia civium romanorum. Se crean ahora también nuevas ciudades que proporcionan modelos a seguir, circunstancia que unida a la llegada de importantes contingentes itálicos a Hispania, ayuda a desarrollar en esta zona el concepto de ciudad tal y como era entendida en el mundo romano, con todos los edificios que la caracterizan, ya sean foro, basílica, termas o acueductos.

Un buen ejemplo lo encontramos en Córdoba, fundada, según la tradición, por Claudio Marcelo a mediados del siglo II a.C. Convertida en capital de la Hispania Ulterior, había sufrido un primer proceso de monumentalización entre finales del siglo II y principios del siglo I a.C. aunque su apoyo al bando pompeyano durante la Guerra Civil provocó su incendio y arrasamiento al finalizar la misma. A raíz de ello se iniciaría en época augustea una importante reconstrucción, orientada a convertirla en la digna capital de la Provincia Bética.

Se construyen ahora grandes e indispensables obras de infraestructura, como el puente de piedra sobre el Guadalquivir o la propia Aqua Augusta; se produce una remodelación del foro, al que se anexiona un forum adiectum que sigue el modelo del de Augusto en Roma, y se construyen una nueva plaza dedicada a la propaganda oficial así como el teatro (LEÓN 1999:44-47).

Esta relación es también muy clara en Italica, donde observamos un importante momento constructivo en el s. I d.C. vinculado a su conversión en municipium como recompensa a su apoyo a César en la Guerra Civil (es ahora, por ejemplo, cuando se construye su primer acueducto). Una política constructiva de esta envergadura no podía ser financiada en su totalidad por la administración municipal, de ahí que se hiciera necesaria la búsqueda de importantes cantidades de dinero. En algunas ocasiones, el apoyo económico provendría de la familia imperial, como parece ser el caso de Italica en el s. II d.C. o de la construcción del Aqua Nova Domitiana Augusta en Corduba, según interpreta Melchor Gil (MELCHOR 1993) a partir de la referencia específica al nombre del Emperador Domiciano (CIL II²/7,220); más numerosas son, sin embargo, las referencias conservadas referentes a la participación de evergetas, generosos y ricos ciudadanos que se preocuparon mucho por dar publicidad a sus obras, ya que su liberalidad les reportaba a ellos y sus familias un enorme prestigio ante sus conciudadanos.

Un prestigio que se veía además multiplicado cuando el fin de su liberalidad era la construcción de grandes infraestructuras, como son los acueductos, cuya permanencia en el tiempo, y por tanto en el recuerdo, parecía eterna. En consecuencia, los restos epigráficos vinculados a la construcción de acueductos resultan numerosos. En ocasiones, la financiación corre a cargo de varios miembros de una misma familia, como por ejemplo los Cornelios que sufragaron el acueducto que debía abastecer a la ciudad de Ibiza (CIL II 3663), o Cayo Sempronio, duumvir y pontifex perpetuo, y su hija, Sempronia Fusca, que corrieron con los gastos de la construcción de unas termas en Aurgi, acompañadas de su correspondiente traída de aguas y de un bosque del que obtener madera para calentar el agua (CIL II²/5,30).

En otros casos, son personajes individuales los que se hacen cargo de los gastos de estas construcciones, como el tribuno militar y flamen, Marco Cornelio, que sufragó el acueducto de Igabrum de sua pecunia (CIL II²/5,316) o el evergeta, cuyo nombre y cargos han desaparecido, que construyó un acueducto en Castulo con sus correspondientes depósitos y tubos de conducción (CIL A III 106). En Andalucía han sido documentados los restos de una treintena de acueductos, enmarcándose su construcción entre el siglo I a.C. y el siglo III d.C.

Así, entre los más antiguos se podría encontrar, según Lacort Navarro (LACORT 1992:198), el acueducto que abastecía Ucubi, que este autor fecha precisamente en la etapa cesariana, al vincularlo a la concesión del estatuto colonial a la ciudad, cronología que fue sin embargo puesta en duda por Lourdes Roldán tras llevar a cabo el análisis de sus sistemas constructivos, proponiendo como nueva fecha la segunda mitad del siglo I d.C. (ROLDÁN 1992: 253). Otro de los acueductos fechados posiblemente en el siglo I a.C. es el de Gades, cuya construcción parece vincularse a la persona de Balbo el Menor, en la segunda mitad de dicha centuria. Ya en la etapa imperial, los más antiguos son los construidos en el reinado de Augusto, como el Aqua Vetus de Corduba (VENTURA 1993:148) o el acueducto de El Realillo de Baelo Claudia (SILLIERES 1997:151).

Los ejemplos se multiplican, sin embargo, a partir del siglo I d.C., llegando hasta finales del siglo II o incluso el III d. Algunos de los acueductos documentados presentan una fechación en época romana que resulta controvertida o, al menos, dudosa, pues ésta se ha basado únicamente en la cronología de los yacimientos circundantes. Se trata, principalmente, de algunos dedicados al abastecimiento rural, concretamente, los de la rambla de Carcauz (GIL ALBARRACÍN 1983a), el Pago de Escuchagranos (ADROHER et al. 1996), Cónchar (BESTUÉ et al. 2006), o incluso, el del Pantano de Cubillas, del que Castillo Barranco (CASTILLO 2002) puso en duda la fechación romana de unas presas cuya problemática adscripción cronológica ya había sido apuntada por un estudio anterior que había servido, además, para desvincular definitivamente esta conducción del abastecimiento a la ciudad de Iliberri, relacionándola, más posiblemente, con la de Ilurco (ORFILA et al., 1996).

En la mayoría de las ocasiones, los restos conservados de los acueductos son realmente escasos, y a veces se reducen a su entrada en la ciudad; es lo que ocurre en Guadix, donde se identificaron unos 10 m de canalización (GONZÁLEZ ROMÁN et al., 1993), o de Granada, donde fueron localizados unos 11 m de specus en un solar de la Calle Espaldas de San Nicolás (CASADO 1998:141). En otros casos, lo que se conserva son algunos tramos concretos de la conducción o restos de las arcuationes, y generalmente las referencias a ellos son bastante escasas.

Así, en Vergilia (Huelma, Jaén) existió un acueducto que traía el agua desde Fuente Peña, a unos 2 km de la ciudad, aunque se citan únicamente los restos de una substructio con un arco central para cruzar el barranco de la Culebra (MORALEZ RODRÍGUEZ 2001:196). También escasos son los restos descritos del que abastecía a Lacipo (Málaga), pues al parecer solamente se identificaron algunos tramos espaciados de una arcuatio, principalmente, pilares de grandes piedras unidas por mortero de cal, y los restos de tres depósitos (SOTO 1979:7).

Igualmente reducidos son los restos de otros, como los Singilia, del que únicamente existe constancia de un tramo de conducción a presión mediante tuberías de piedra (ATENCIA 1988:46); Niebla, donde que se conservan evidencias de la construcción subterránea y de algunas arcuationes en opus incertum (CAMPOS et al., 2006:347); o Arucci, en la que se ha documentado un pequeño tramo con fábrica de opus incertum fechado a mediados del siglo I d.C. (CAMPOS 2003:67).

Asimismo, la antigua ciudad de Arunda contó, a partir del s. III, con un acueducto para su abastecimiento, aunque de nuevo, los estudios sobre el mismo resultan escasos. El elemento más destacado de esta conducción lo constituye una construcción de base cuadrada, conocida como “Torre del Predicatorio” (DELGADO BLASCO 2005), que presenta en el lateral sur una acanaladura en la que debía insertarse una canalización que permitía el ascenso del agua para elevar el punto de partida de la misma en el arranque del sifón. Una vez en la ciudad, el agua sería distribuida a través de tubos de cerámica machihembrados y unidos por un mortero estanco de cal y aceite, como los localizados en el casco antiguo de Ronda (AGUAYO et al. Tal vez algo más amplios sean los análisis sobre el acueducto que abasteció a la Huelva Romana desde finales del siglo I d.C., del que se ha documentado un tramo de 125 m perteneciente al sistema de captación de aguas subterráneas en Fuente Vieja, con algunos pozos de registro y un depósito (GARCÍA SANZ et al. 1996); así como un tramo de specus en la Plaza Ivone Cazanave (GÓMEZ et al.).

Frente a estos, existen acueductos cuyo trayecto ha sido enteramente estudiado, o al menos, documentado. Uno de los primeros que contó con una publicación monográfica fue el de Almuñecar, analizado por Fernández Casado en 1949, describiendo los restos de la arcuatio de Torrecuevas, y de los que nombra como acueductos I, II y III; apuntando, además, a la necesaria existencia de un sistema de sifón para que el agua alcanzase la ciudad, y por tanto, también de una obra sobre arcadas que ejerciese como venter, e identificando la “Cueva de los Siete Palacios” con el castellum aquae de la ciudad. El último análisis general sobre este acueducto fue el realizado por Molina Fajardo en el 2000, recogiendo los resultados de la excavación realizada en el supuesto castellum, identificado ahora con un criptopórtico y describiendo los restos del ya excavado sifón.

Este acueducto, construido posiblemente en el s. I d.C. coincididiendo con uno de los momentos de mayor actividad en la factoría de salazones de El Majuelo y poco tiempo después de que la ciudad fuese elevada por César al status de municipium, destaca por la multitud de soluciones empleadas en un recorrido de solamente siete kilómetros, pues se documentan un túnel y cinco grandes construcciones sobre arcadas, una de ellas, integrada en un sistema de sifón inverso, tramos sobre substructiones, además de la posible existencia de una collumnaria, descrita en el siglo XII por el geógrafo hispanomusulmán Al-Idrisi como una construcción cuadrada con acanaladuras en dos de sus laterales; un esquema similar al de la “Torre del Predicatorio” de Ronda, aunque empleada en esta ocasión para reducir la presión del agua a la salida del sifón.

El estudio sobre el abastecimiento de agua a Italica fue publicado por Alicia Canto en 1979, identificando ya dos fases distintas en su construcción, y completado en 1993 por Roldán Gómez. La primera, del siglo I d.C., tiene el caput aquae en las fuentes del Guadiamar y cuenta con dos arcuationes para salvar los arroyos de Pájaro Blanco y del Judío, antes de llegar a la zona de la Cañada de Conti. En el abastecimiento a Gades (FIERRO 1993), el elemento que más ha sido destacado es la conducción a presión mediante tubos de piedra, necesaria para que el agua circulase a la presión adecuada incluso en las zonas situadas a una cota excesivamente baja.

Sin embargo, el acueducto contaba también, según el informe realizado por el Conde O’Reilly en el siglo XVIII, con cinco puentes, seis alcantarillas y 17 galerías o minas, la mayoría de los cuales han desaparecido. Por su parte, el caput aquae de este acueducto ha sido localizado en los manantiales del Tempul, aunque algunos autores vinculan las estructuras documentadas en Sierra Aznar, concretamente un área de captación, una piscina limaria y una cisterna de almacenaje, con el sistema de abastecimiento de Cádiz (GUERRERO MISA 2001:37).

Mapa de acueductos y ciudades béticas

En otras ciudades el sistema de abastecimiento es mucho más complejo, pues el número de acueductos se multiplica. Así, Baelo Claudia contó con tres conducciones distintas; el acueducto del Realillo, para el que algunos autores proponen una cronología del siglo III d.C. (JIMÉNEZ 1973), fue construido según Sillières en ya época augustea (SILLIÈRES 1997), permitiendo el abastecimiento íntegro de la ciudad, pues su aljibe se encuentra en la parte más elevada de la misma. A mediados del s. I. d.C., coincide con la concesión del título de municipium romanorum, se construiría el de Punta Paloma, que tras salvar mediante arcuationes los arroyos Conejo, Churriana, Pulido, Alparriate y Chorrera, parece desembocar en la zona al norte de los templos, donde posiblemente se situaron las termas mayores. El tercer y último acueducto, el del Molino, se construiría en el s. II d.C. y estuvo destinado al abastecimiento del área más baja de la ciudad, las termas de la Puerta de Gades y las factorías de salazones que tanto renombre dieron a la zona (SILLIERES 1997).

Este es también el caso de Córdoba, donde se han localizado los restos de tres acueductos diferentes, cuyo conocimiento se ha visto completado mediante la epigrafía. Esta Aqua Domitiana ha sido estudiada por Ventura Villanueva (VENTURA 1996), que identificó cuatro ramales diferentes que se unían para entrar en la ciudad. La inscripción, además de proporcionar el nombre oficial de la construcción, informa de la probable existencia de otra Aqua Augusta previa (STYLOW 1987:40) identificada también por Ventura Villanueva con el conocido como Acueducto de Valdepuentes. Este sería el primer acueducto con el que contó la ciudad, y destaca especialmente por la variedad de elementos a los que se recurrió para salvar las dificultades impuestas por el terreno: un túnel para cambiar de la cuenca del Guadiato a la del Guadalquivir y dos arcuationes, pero principalmente, el encadenamiento de pozos de resalto destinados a frenar la fuerza del agua provocada por la enorme pendiente del terreno (1,7 %).

A este primer acueducto pueden vincularse dos inscripciones asociadas a la construcción de fuentes abastecidas con el agua por él transportada; fueron localizadas en 1990 y parece que donadas por un mismo personaje, el edil Lucio Cornelio (BERMUDEZ et al.). El abastecimiento de agua a Córdoba se completó con un tercer acueducto, cuyo nombre latino fue, probablemente, Fontis Aurea Aquaeductus, que en época árabe se transformó en Ayn Funt Awrya, que era como se conocía durante el reinado de Al-Hakam II una fuente de posible origen romano situada en los arrabales occidentales y que pudo ser abastecida por este acueducto (VENTURA 1996:186).

También en Mellaria (Fuente Obejuna) y Aurgi (Jaén) parecen complementarse los datos proporcionados por los restos de las conducciones y aquellos proporcionados por la epigrafía. En el primer caso, Lacort Navarro (LACORT 1991) identificó el caput aquae de Fuente de la Quicla, tramos de specus, pozos de registro y el posible depósito terminal en torno al embalse de San Pedro. Es muy probable que estos restos pertenezcan al Aqua Augusta donada ex testamento por Annio Anniano, duumvir y pontifex perpetualis de la ciudad (CIL II²/7,789).

Las II Jornadas Acueducto de Segovia, que tienen el título de 'Una ciudad por y para un monumento', comenzaron este lunes en el Aula de San Quirce con las dos primeras ponencias, precedidas de la presentación del libro que recoge las de 2016 y una introducción de la alcaldesa, Clara Luquero. Recordó la alcaldesa que, en esta tesitura, el Ayuntamiento trabaja en la actualidad en la elaboración de la ordenanza que regule el uso del entorno y en ampliar la zona peatonal de la plaza de Artillería, para alejar el tráfico y hacer posible que los turistas puedan admirarlo sin la cercanía de los coches.

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