Mientras menos conozcas la Palabra de Dios, mientras menos experiencias tengas con el Espíritu Santo, vas a estar más preocupado por lo externo que lo interno. Es en lo interno que tenemos que trabajar, porque cuando trabajas lo interno estás agradando a Dios, pero cuando estás trabajando lo externo, estás agradando al hombre, entonces a Dios es que tenemos que agradar. Un problema fuerte que tenemos muchos creyentes es creer que estamos llenos del Espíritu Santo, pero continuamos en las redes del pecado y nos vestimos como cristianos, creyentes, maduros, nos vestimos con una ropa, con una vestidura.
Mucha gente en las iglesias tiene una vestidura muy espiritual, muy madura, pero sin embargo están dentro de las redes del pecado, porque estamos más preocupados de mostrarle al hombre en la condición que estamos, la ropa que vestimos, que presentarle a Dios cómo estamos nosotros interiormente. Por ejemplo, si usted tiene un pecado que es la ira, siempre está luchando contra la ira, mientras usted este luchando contra la ira y peleando con la ira, sin darse cuenta le va a salir otro pecado. Cuando usted está tratando de resolver un pecado, ya le surge otro. Pablo tenía fe en la palabra, en la cruz, tenía la revelación de lo que era verdaderamente la cruz. Muchos seguimos pecando por no tener la revelación de la cruz. En otras palabras, tu no peca porque eres débil, sino porque no tienes voluntad, no tienes revelación de la cruz y eres un carnal.
Cuando Cristo fue crucificado en el madero de la cruz, fue una experiencia eterna porque ya estaba decidido en la eternidad de que Él iba a morir por nosotros en la cruz. Si la crucifixión de Cristo fue eterna, la cruz tiene el mismo precio ahora, su muerte, su nombre y la sangre tienen el mismo precio. Por eso los creyentes se reconocen en medio del proceso, en medio del fuego. Es muy bueno limpiar la estufa, pero no es muy bueno meterte al horno y que te lo prendan. La gente piensa que solamente hay pecados carnales, pero hay pecados que son peores que los carnales. Hay gente que quieren ser marinero y nunca han estado en el mar, nunca han tenido un barco, por eso la iglesia está llena de gente que no han sido revestidas desde el interior. Hay gente que no tienen revelación de la cruz y mucho menos de la Palabra.
Cuando Cristo fue crucificado, en ese momento tú también fuiste crucificado con Él. Esa es la revelación que necesitamos para cuando viene la tentación y el pecado. Ahora bien, no todos tienen esa revelación, tienes que andar en el espíritu. Por eso fue una crucifixión grupal. Cuando Cristo fue crucificado, Dios considera la carne ya crucificada, es un hecho consumado. Mucha gente está peleando tanto con la experiencia del pecado, que se han olvidado de la experiencia de la cruz, están más metidos en la mente con la experiencia del pecado que la experiencia que están teniendo con el Espíritu Santo. Es decir, ahora es un régimen de revelación. Cuando Pablo vivía bajo la ley, él dice que en vez de la ley ser vida, traía muerte. Mientras no había ley, no había problema porque no había pecado. Entonces, aquellos conocieron la muerte y el pecado por la ley, ahora tú conoces la muerte y el pecado por la decisión.
Una conciencia cauterizada es lo peor que puede tener un hijo de Dios, un creyente, porque una conciencia cauterizada puede estar en puro pecado y cree que es espiritualmente maduro, puede estar fornicando y al otro día está predicando, eso se llama conciencia cauterizada. Dios está buscando un remanente que entienda que hay que luchar contra la actitud del pecado, si no luchamos contra la actitud del pecado, en vano es oír la Palabra de Dios. Por eso tenemos que tener al Espíritu Santo y a la Palabra juntos los dos, porque estos son los que te darán la fuerza de la voluntad, el problema es que como no creemos en la Palabra, entonces no podemos ejecutar la voluntad de Dios. Cómo vamos a llevar frutos para Dios si estamos sin la autoridad de sacar el pecado.
Con todo esto que hemos visto, ahora es una condición de voluntad para escoger lo que Dios ha hecho por nosotros o lo que nosotros queremos hacer. Cuando usted empiece a valorar lo que es Dios en ti y lo que hace a través de ti, tú no lo tocarás ni con los pétalos de una rosa. Esa esperanza de fruto tiene que ser superior y mayor a cualquier decisión de pecado. Si los hijos de Dios supiéramos lo que podría hacer Dios con nosotros cuando estamos en la línea perfecta con Él, tomáramos las decisiones de inmediato.
Revestir: significado y usos
Revestir: Un análisis profundo de su significadoLa palabra "revestir" proviene del latín revestire, compuesto por el prefijo re- (de nuevo, intensificación) y vestire (vestir). Su etimología nos da una pista fundamental para entender su significado: se trata de volver a vestir, de añadir una capa, ya sea física o figurada, que modifica o transforma la apariencia o la esencia de algo.
Usos y significadosEl verbo "revestir" presenta una rica gama de significados, que van desde lo concreto a lo abstracto: Cubrir con un revestimiento (sentido literal): Este es el uso más básico y concreto. Se refiere a la acción de cubrir una superficie con un material diferente, con fines protectores, decorativos o funcionales. Por ejemplo, "revestir una pared con azulejos" o "revestir un mueble con barniz". Exornar la expresión o escrito: En este sentido, "revestir" se aplica al lenguaje. Se refiere a adornar un discurso o texto con figuras retóricas, conceptos complementarios o un estilo elaborado. Se busca embellecer y enriquecer la comunicación. Por ejemplo, "revestir un poema con metáforas". Disfrazar la realidad: Este uso tiene una connotación negativa. Implica ocultar la verdadera naturaleza de algo bajo una apariencia engañosa. Por ejemplo, "revestir una mentira con medias verdades". Simular una emoción: Se refiere a fingir un sentimiento que no se experimenta realmente. Es un acto de disimulo. Por ejemplo, "revestir su rostro de alegría". Presentar un aspecto, cualidad o carácter: Este uso describe cómo algo se presenta o se percibe. Por ejemplo, "el asunto reviste gran importancia" o "la situación reviste gravedad". Vestir una ropa sobre otra (uso religioso): En el contexto litúrgico, "revestirse" se refiere a la acción del sacerdote de colocarse los ornamentos sobre su vestimenta habitual antes de la misa. Es un acto simbólico de preparación para el oficio sagrado. Imbuirse de una idea (uso pronominal): Este uso reflexivo implica adoptar con fuerza una idea o un sentimiento. Por ejemplo, "revestirse de valor". Engreírse o envanecerse (uso pronominal): En este sentido pronominal, "revestirse" describe la actitud de alguien que se llena de orgullo y vanidad, generalmente por su posición o logros. Por ejemplo, "revestirse de soberbia". Apelar a la fuerza interior (uso pronominal): Este uso reflexivo implica recurrir a la propia fortaleza y determinación para afrontar una situación difícil. Por ejemplo, "revestirse de paciencia" o "revestirse de resignación".
Revestirse del Espíritu de Jesús para las Hijas de la Caridad
La misión de la Hija de la Caridad, avalada por el Espíritu Santo al igual que el profeta, es dar esperanza a los pobres. Jesús en la última Cena anunció a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo para que confirmara todo lo que él les había dicho. Con esta frase quería decir, según santa Luisa, que el Espíritu Santo acabaría la institución de la Iglesia, dándole la unión de sus producciones con el poder de obrar maravillas y le infundiría la santidad de vida (E 98). Son las tres funciones de una Hija de la Caridad conducida por el Espíritu Santo: unir, compadecerse y santificar.
Revestirse no es convertirse a un programa de vida cristiana, ni basta con hacer lo que dijo e hizo Jesús. Revestirse del espíritu de Jesucristo es dejar al Espíritu Santo que ponga en ellas la misma oración de Jesús, su compasión, su confianza en el Padre, sus virtudes especialmente la humildad, la sencillez y la caridad, tan necesarias para vivir en comunidad y servir a los pobres. Revestirse es transformar la persona desde el interior, convirtiéndola en Cristo. San Vicente decía que “hemos de llenarnos y dejarnos animar de este espíritu de Jesucristo para vivir y obrar como vivió nuestro Señor y para hacer que su espíritu se muestre en toda la compañía y en cada uno de sus miembros, en todas sus obras en general y en cada una en particular”.
La labor trinitaria viene a ser la de un Banco propiedad del Padre, el Hijo nos abre una cuenta y el Espíritu Santo es el cajero que da el dinero. Revestirse del Espíritu de Jesucristo exige más que imitarle o seguirle. Imitar es copiar algo externo, y seguir es ir detrás de otro, es ser como Cristo. Revestirse de su espíritu es transformarse en Cristo, ser otro Cristo. Cuando el Espíritu divino transforma a una persona en Cristo, lo que transforma es su mente y su voluntad para ver y hacer las cosas desde Jesucristo, dejar una vida mediocre y vivir la vida que vivió Jesús.
Quien tiene conciencia de la presencia del Espíritu de Jesús experimenta que le ilumina para valorar la vida de manera distinta, como una necesidad de que depende tu futuro personal, comunitario y el de los pobres. No es lo mismo que la mujer que sirve sea una Hija de la Caridad convencida de estar guiada por el Espíritu de Jesús a que sea una mujer conducida únicamente por ella misma. Y debe meditar en la oración, en un diálogo con él, cómo el Espíritu se apodera de ella y forma un todo con él para cumplir la misión que él le encomienda y no una tarea para los momentos que le agraden y del modo que ella desea. Vivir la experiencia del Espíritu Santo es un proceso largo de pasar de la rutina a la preocupación y de la vulgaridad a la perfección.

tags: #revestirse #significado #biblico