Diques y barreras de los Países Bajos: Oosterscheldekering y Afsluitdijk en la historia de la gestión del agua

El gran dique de Oosterschelde, en la provincia holandesa de Zeeland, celebra este año 2016 tres décadas desde su construcción. El gran dique de Oosterschelde (Oosterscheldekering), en la provincia holandesa de Zeeland, celebra este año 2016 tres décadas desde su construcción. Este gran proyecto, que une las islas de Schouwen-Duiveland y Noord-Beveland, forma parte de las obras del Plan Delta que se llevó a cabo entre 1954 y 1991. La obra del dique de Oosterschelde se ejecutó durante diez años y se ha convertido en la barrera hidráulica más larga de Holanda con 9 kilómetros de longitud, 65 pilares y 62 compuertas, de entre seis y 12 metros de alto.

El gran dique de Oosterschelde constituye una gran obra de ingeniería sostenible ya que, al ser un dique semiabierto, ha conservado la salinidad del agua y, con ella, su flora y fauna. Su construcción contó lógicamente con el apoyo de los grupos medioambientales y pescadores de la zona. De esta manera, se ha beneficiado la naturaleza y también los visitantes que pueden saborear delicias culinarias de marisco, ostras y mejillones. Muy interesante también para las familias que viajan hasta este lugar es el Deltapark Neeltje Jans, un parque temático sobre el agua que cuenta con un parque acuático infantil, un simulador de huracanes, rutas en barco y espectáculos con focas y leones marinos. Aparte de esta zona lúdica también dispone de un espacio de exposiciones educativas donde se ilustra a pequeños y mayores sobre el mar, las inundaciones de 1953 y las obras del plan Delta.

Como su nombre lo indica, los Países Bajos se encuentran bajo el nivel del mar y solo gracias a un efectivo sistema de diques pueden ganarle la pulseada y elevar la cabeza sobre el Mar del Norte. De la superficie total de Holanda, unos 7700 km² son agua, y una cuarta parte del país se encuentra bajo el nivel del mar. Desde ese momento -como política de supervivencia- se han construido diques y otras barreras contra el agua. Con una longitud de casi 8 kilómetros, el Oosterscheldekering es el dique más grande del mundo y protege a la provincia de Zelanda frente al avance del mar. El Oosterscheldekering es un dique abierto que solo se cierra en caso de peligro, tiene 3 compuertas de cierre con una longitud de 3 kilómetros.

Otro de los diques que más llama la atención es el Afsluitdijk, que une las provincias de Frisia y Holanda Septentrional. Con sus 32 kilómetros de largo se coronó como el más largo del país, y es de gran importancia para las políticas hidráulicas. Tiene una anchura de 90 m y una altura de 7,25 m sobre el nivel del mar. Actualmente sobre el dique pasa una autopista de dos carriles por sentido, y un carril extra para las bicicletas.

Alguna vez visitaste un lugar así. Los diques holandeses son sometidos a estrictos criterios de seguridad que requieren un reforzamiento de una tercera parte de los diques principales (1.100 kilómetros) y de 256 esclusas y bombas. "Nuestro esfuerzo no sólo es para reparar la infraestructura. Además, el nuevo programa busca minimizar los efectos ambientales y utilizar materiales naturales, en especial la protección de diques de la erosión. Con las perspectivas de un extenso crecimiento del mercado mundial en los próximos años, actualmente con valor de 500.000 millones de euros anuales, los países como China, Brasil, Alemania, Arabia Saudí, Reino Unido y Estados Unidos, buscan cooperar con la agenda de gestión del agua en Holanda. (1 euro = 1,08 dólares).

Mapa de Oosterscheldekering y Afsluitdijk

Situado en la parte septentrional de los Países Bajos, Afsluitdijk, el dique que protege desde 1932 a sus habitantes de las inundaciones del mar del Norte, es uno de los orgullos de la ingeniería nacional. De 32 kilómetros de longitud, 100 metros de ancho y 7,5 metros de altura sobre el nivel marino, refleja también el cambio operado con el tiempo en la búsqueda de seguridad frente a las catástrofes naturales. El impacto ecológico del esfuerzo en la lucha con el mar que ha hecho famosos a los neerlandeses es un factor que se ha ido haciendo un hueco con los años. Por eso, en el momento de su construcción, primó la protección sobre el hecho de que esta barrera impide la migración desde el mar de especies como las anguilas, el salmón del Atlántico o el arenque hacia el reservorio interior de agua dulce así creado, el lago Ijssel (Ijsselmeer, en neerlandés).

Aunque estos peces migratorios necesitan ambos entornos, dulce y salado, para criar y crecer, solo los mejores nadadores consiguen cruzar las aberturas del dique utilizadas para soltar el agua del lago en la marea baja. ¿Solución? Abrir un pasadizo y crear sendas dársenas a ambos lados para que puedan entrar y salir sin problemas. Denominado El río para la migración de peces, el proyecto se presenta como el mayor de su clase a escala mundial y pretende repoblar la fauna del lago a base de trabajar junto con la naturaleza. Ya en marcha la obra, su apertura estaba prevista para dentro de cuatro años, pero no se descarta que pueda funcionar incluso antes, en 2023. Costará 55 millones de euros.

Afsluitdijk y zonas de migración de peces

Una vez concluida, la carretera que discurre sobre el Afsluitdijk unió las provincias del norte del país, Frisia y Holanda del Norte, separadas hasta entonces por un estuario natural. Geográficamente, el dique mira al mar de las islas de Wadden (Waddenzee, en neerlandés), que alcanza las costas de Alemania y Dinamarca y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Es un entorno de gran riqueza natural con llanuras de arena y fuertes corrientes, y las actuales obras de refuerzo del Afsluitdijk suponían el momento oportuno para echar una mano a los peces.

En circunstancias normales, las dos grandes esclusas del dique se abren para el tráfico de barcos y dejan pasar el agua. En ambos casos, no basta para que haya una migración uniforme de especies marinas, y si bien la protección contra las mareas ha sido un éxito, “la barrera ha supuesto el mayor desastre de Europa del norte en términos de biodiversidad al perder el lago Ijssel la mayoría de sus especies por falta de intercambio con el mar”, señala Erik Bruins Slot, responsable del proyecto e ingeniero ambiental de la Provincia de Frisia. Con la marea baja, el agua es lanzada al mar también por otras aberturas del dique, aunque solo unos pocos peces tienen la fortaleza de remontar en ese lapso de tiempo la corriente así creada. El río migratorio diseñado por este experto aprovecha el movimiento de las mareas en un ejercicio de ingeniería ecológica empujada por el cambio de clima, y calcula que unos tres millones de ejemplares entraran anualmente en el lago.

Ubicada en la parte frisia, la estructura tiene una superficie de 50 hectáreas y consta de dos partes: una del lado del mar y otra en el lago interior; en medio hay un pasadizo en el dique. En la primera, se prepara sobre el suelo arenoso una dársena de piedra con sendas bocas. En marea baja, el agua dulce del lago atravesará el corredor del dique para ser expulsada luego por las bocas. Al percibirla en el mar, los peces se verán tentados a nadar en esa dirección. Los más resistentes, como la trucha marina y el salmón del Atlántico, accederán así a la dársena. El espinoso y el capellán, entre otros ejemplares menos robustos, se valdrán de la subida de la marea para entrar porque las bocas seguirán abiertas. Una vez dentro, y todavía en el lado del Waddenzee, todos avanzarán hacia el lago Ijssel. Para no comprometer la seguridad del dique en caso de tormenta, está prevista una compuerta capaz de soportar hasta una marejada ciclónica, que sucede cuando el viento eleva el agua por encima del nivel habitual del mar.

Una vez cruzado el dique, los peces ganarán la otra dársena, ya en el lago. Allí les aguarda un complejo de unos cuatro kilómetros que recrea un curso fluvial, con una decena de meandros trazados a base de arena -en la parte interior- y contenciones de piedra -en la exterior-. Habrá también islotes para que aniden las aves, como en un estuario. Las vueltas que deben dar los peces les ayudarán a adaptarse al entorno para poder seguir camino del Rin, y de otros grandes caudales que desembocan en el lago, para crecer y criar. En la desembocadura de este río de diseño habrá otra compuerta que se abre y cierra al ritmo de la subida y bajada del mar. “Como el flujo de peces se regulará de forma natural, no dará tiempo a que entre demasiada agua salada en el lago”, añade el ingeniero. Se vigilará además el deterioro de los meandros del río y los periodos de sequía.

El plan fue animado en origen por organizaciones conservacionistas y de pescadores. Viajar por los Países Bajos es, en muchos sentidos, como recorrer una historia de resiliencia frente al agua. Aunque hoy nos parezca un país idílico de molinos, tulipanes y canales, su territorio es el resultado de una lucha constante contra el mar. El Afsluitdijk cerró el paso al antiguo mar del Zuiderzee, transformándolo en un lago de agua dulce: el IJsselmeer. La razón detrás de esta megaestructura era clara: proteger el país de las constantes inundaciones y ganar tierra al mar. En 1932, tras siglos de inundaciones devastadoras, se completó el Afsluitdijk, cerrando el paso del Zuiderzee (el antiguo mar interior) y creando el IJsselmeer, un lago de agua dulce. Aquí nacen los polders, terrenos que antes estaban cubiertos por agua y que, gracias a una compleja red de diques, canales y bombas, se convirtieron en tierras fértiles. El primer gran polder que nació tras el cierre del Zuiderzee fue el Wieringermeer, seguido por otros como el Noordoostpolder o Flevoland, que hoy en día es una provincia entera surgida del fondo del mar. El Afsluitdijk, es una obra maestra de la ingeniería que ha transformado la geografía de los Países Bajos. Los polders, hoy en día albergan una gran parte de la agricultura y la vida en el país. Visitar el Afsluitdijk es un viaje al corazón de la ingeniería hidráulica de los Países Bajos, mientras que el Zuiderzeemuseum te transporta a la vida cotidiana de los habitantes de la zona, antes y después de la creación de los polders. Lo impresionante es que todo esto no solo fue una hazaña de ingeniería, sino también un ejemplo temprano de adaptación sostenible. Afsluitdijk: Puedes recorrerlo en coche, bici o incluso parar en el centro de visitantes para conocer su historia. Lelystad (Flevoland): Una ciudad moderna construida sobre terreno ganado al mar. Marker Wadden: Un archipiélago artificial en el Markermeer, creado recientemente como proyecto ecológico para restaurar la biodiversidad. Recorrer esta zona en coche eléctrico o en bici no solo es fácil, sino también muy alineado con el espíritu del lugar: aprovechar la tecnología para cuidar del entorno.

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