La reforma ética y estética del ciudadanismo: fundamentos y controversias

El ciudadanismo es, hoy, el resultado de un proceso de regeneración de la socialdemocracia y de la izquierda liberal, al que han ido a ampararse los restos del naufragio de la izquierda que fue revolucionaria. Su meta es conseguir una democratización tranquila de la sociedad que no altere ni amenace los planes de acumulación capitalista, que no cuestione los mecanismos de control real sobre la sociedad y que resulte inofensiva para las agendas políticas oficiales.

Su filosofía sostiene que el sistema capitalista puede ser más humano y, en nombre de tal posibilidad, encauza y vuelve “razonables” a las facciones conflictivas de la sociedad convirtiéndolas en “movimientos sociales”, ajenos e incluso hostiles a cualquier cosa que evoque la lucha de clases. Esas corrientes de acción colectiva están a cargo de individuos aislados que se unen para luchar pasándoselo bien y a los que, tarde o temprano, se invitará a “participar”, es decir, a ser copartícipes de su propia dominación.

Qué es el ciudadanismo y cuál es su objetivo político

Las ideas contenidas en este libro no pretenden ser una crítica general al ciudadanismo, sino que se limitan a hacer consideraciones sobre cuestiones concretas, como es la manera como reutiliza sin nombrarlos conceptos básicos del reformismo burgués.

El ciudadanoismo propone una democratización lenta que, al no desafiar directamente las estructuras de acumulación, busca integrar la crítica social sin desbordar las dinámicas de poder existentes.

Una lectura de la relación entre sociedad, Estado y capital

Su meta es conseguir una democratización tranquila de la sociedad que no altere ni amenace los planes de acumulación capitalista, que no cuestione los mecanismos de control real sobre la sociedad y que resulte inofensiva para las agendas políticas oficiales.

Esta lógica apunta a convertir tensiones sociales en movimientos sociales gestionables, evitando rupturas que puedan amenazar el marco institucional y económico vigente.

diagrama de relaciones entre ciudadanismo, Estado y capital

Del reformismo burgueso a las “movilizaciones” ciudadanistas

Su filosofía sostiene que el sistema capitalista puede ser más humano y, en nombre de tal posibilidad, encauza y vuelve “razonables” a las facciones conflictivas de la sociedad convirtiéndolas en “movimientos sociales”, ajenos e incluso hostiles a cualquier cosa que evoque la lucha de clases.

Esas corrientes de acción colectiva están a cargo de individuos aislados que se unen para luchar pasándoselo bien y a los que, tarde o temprano, se invitará a “participar”, es decir, a ser copartícipes de su propia dominación.

Riesgos de la estetización y el control

Las ideas contenidas en este libro no pretenden ser una crítica general al ciudadanismo, sino que se limitan a hacer consideraciones sobre cuestiones concretas, como es la manera como reutiliza sin nombrarlos conceptos básicos del reformismo burgués.

Este enfoque resalta la tensión entre la estética de la protesta y las posibles funciones de gestión institucional que pueden subsumirla bajo el sistema existente.

#AndrésMundoNMoticias: Fantoni - Presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social

El arte de la protesta y el papel de la cultura en el ciudadanismo

Ahora bien, si las masas tradicionales se concebían como integrantes de sindicatos o partidos, el movimiento ciudadanista lleva el arte a la protesta callejera a través de la fusión del artista y el activista en una nueva especie a la que se podría denominar como artivista.

Este artivismo tiene como objetivo principal el de conjurar los espacios urbanos como auténticos referentes de y para la crítica, destacando la potencialidad que se oculta tras los encuentros fortuitos y casuales que se producen siempre en las calles, y proyectándolos como referentes a la hora de despertar conciencias y desencadenar nuevas formas de acción subversivas.

Manuel Delgado recoge y reconoce dicha potencialidad, pero también advierte de alguno de los peligros que se ocultan tras ella: el de caer en un mero esteticismo que sea posteriormente absorbido por un sistema institucional-cultural plenamente integrado en un sistema, el capitalista que, como nos recordara Marx se caracteriza “por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes” (Marx, [1948] 2013: 54-55).

Cosmopolitismo, multiculturalismo y crítica al universalismo

En su último capítulo, el libro recaba en otra de las prácticas comúnmente conferidas al movimiento ciudadanista, el cosmopolitanismo. Así, bajo esta particular forma de comprender la diversidad cultural, al que también podríamos denominar interculturalismo o multiculturalismo, Manuel Delgado señala que no se escondería otra cosa que una nueva forma de racismo; un racismo que ya no estaría centrado en cuestiones vinculadas al color de la piel o los rasgos faciales, sino en las diferencias culturales.

De este modo, el pensamiento ciudadanista, bajo el velo de eufemismos tales como minorías étnicas, otras culturas, migrantes, etc., lo que verdaderamente estaría manifestando sería una actitud ciertamente superior, aquella devenida de la capacidad de las clases medias y altas de las sociedades occidentales de ser capaces de desterritorializarse, desanclar sus raíces culturales y proyectarse como una especie de seres libres y globales que, generalmente por arte de la magia de su educación superior, comprenden y se comportan adecuadamente en cualquier ámbito social, cultural, económico y territorial.

Nos encontramos, para finalizar, con una obra en cierta medida menor -y con algunos y subsanables defectos de edición- del antropólogo catalán, pero no por ello menos importante.

diagrama de cosmopolitismo y exclusión cultural

Conclusiones parciales sobre la relevancia del ciudadanismo

Este conjunto de ideas y análisis permite entender cómo la reforma ética y estética del ciudadanismo intenta reconfigurar la vida pública, la participación cívica y las expresiones culturales para que se ajusten a un marco de sostenibilidad del sistema, evitando antagonismos radicales y manteniendo un cauce de legitimidad institucional.

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