Esta estancia conserva todos sus revestimientos originales, no sólo las azulejerías, yeserías y artesonados, como en el resto de los salones, sino incluso la carpintería de taracea mudéjar de puertas y ventanas, construida entre 1534 y 1539, en las que una mirada atenta puede aún distinguir restos de su antigua policromía, y que son obra de Andrés de Juara. De estas obras de taracea -técnica que consiste en la composición de complejas figuras mediante incrustación de maderas diversas- destacan además de las mencionadas portezuelas y ventanas, los soberbios portalones de cinco metros de alto que cierran este salón y que hasta el siglo XIX cerraban el salón antecapilla. El mismo carpintero construyó el bello artesonado de casetones que cubre este salón, cuyo esquema formal, cinco grandes lineas de casetones cuadrados, nació en la Antigüedad Clásica y reapareció en la Italia del Renacimiento, donde contaban con el venerable modelo de las cinco filas de artesones que aligeran el peso de la cúpula del panteón de Agripa en Roma.
Con seguridad, don Fadrique vió alguno de estos artesonados durante su travesía por Italia hacia Jerusalén, quizás el de la Catedral de Pisa o el de la Iglesia de San Lorenzo en Florencia. En cualquier caso, su estructura es mucho más «moderna» que la del resto de armaduras del palacio y, sin embargo, la decoración interna de cada uno de los artesones sigue dominada por los elementos propios de la carpintería mudéjar: los diseños de lacería, es decir de líneas entrecruzadas que forman complejos polígonos, y los mocárabes, que son los prismas combinados que caen a modo de estalactitas. Primera estación. Un azulejo con esa inscripción señala, en uno de los muros de la Casa de Pilatos, el comienzo de un vía crucis que acaba en el templete de la Cruz del Campo. Esa cerámica, al igual que el imponente palacio que evoca al personaje bíblico, se encuentra en la Plaza de Pilatos. Una estatua de Francisco de Zurbarán sobre un pedestal pétreo y rodeada de setos preside la plaza. Frente a ella, el lugar que da nombre y popularidad a este punto de Sevilla: la Casa de Pilatos.
Un fantástico palacio que hasta finales del siglo XV no disfrutó de esta plaza como vestíbulo público. Años más tarde, a su hijo Fadrique le concedieron el título de Marqués de Tarifa y pasó a llamarse Plaza del Marqués de Tarifa. Curiosamente, tras volver Fadrique de un viaje de Jerusalén, impulsó un vía crucis desde su palacio al templete. La distancia que separa ambos puntos es similar a la existente entre el Palacio de Poncio Pilatos y el Gólgota. Por ello, el palacio es conocido como Casa de Pilatos. La presencia del palacio, ahora en manos de la Casa de Medinaceli, atrae hasta la plaza a miles de turistas y paseantes cada día. Aunque el primer viernes de cada marzo el público se multiplica por el Vía Crucis que organiza la Pía Unión.
La Casa de Pilatos es uno de los palacios más emblemáticos de Sevilla, una joya arquitectónica de estilo renacentista italiano-mudéjar con elegantes toques románticos. Considerado el mejor edificio nobiliario andaluz, representa a la perfección el esplendor artístico y cultural de la arquitectura sevillana del siglo XVI. Sus patios, esculturas clásicas y jardines evocan el pasado de una ciudad abierta al Mediterráneo y al mundo.

Ideas clave
- Palacio renacentista-mudéjar del siglo XVI, residencia de los Duques de Medinaceli y referencia mayor de la arquitectura nobiliaria sevillana.
- Vínculo histórico con el Vía Crucis que inspiró la Semana Santa de Sevilla.
- Destaca por su colección de esculturas romanas (procedentes de Itálica) y arte renacentista.
Qué ver y recorrer
- Patio principal con arcos, columnas, fuente y galerías
- Estancias palaciegas y escalera monumental con azulejería y cúpula de madera
- 24 bustos clásicos de emperadores y personajes ilustres
- Capilla de la Flagelación (gótico con decoración mudéjar)
- Jardín Grande y Jardín Chico, oasis platerescos en pleno centro
La fachada está rematada por una crestería de estilo gótico, que al parecer procede de un palacio anterior que la familia poseía en Bornos. En la parte central de esta balaustrada, se disponen tres pilares, cada uno de ellos con una cruz de Jerusalén y la inscripción “4 DÍAS DE AGOSTO DE 1519. De esta peregrinación, que al parecer marcó profundamente al marqués de Tarifa, proviene con toda probabilidad el nombre de Casa de Pilatos con el que el palacio es conocido generalmente.
Durante mucho tiempo existió la leyenda que el marqués había reproducido en su vivienda las trazas del palacio del pretorio romano Poncio Pilatos en Jerusalén y que de ahí vendría el nombre. El más mínimo análisis formal y estilístico del palacio deja claro que esta teoría no es más que una leyenda. Según la tradición, el marqués de Tarifa, en su peregrinación a Jerusalén, habría medido la distancia exacta que iba desde el palacio del pretorio donde fue juzgado Jesús hasta el monte del Calvario donde fue crucificado. A esta circunstancia hace alusión la hornacina que se encuentra a la izquierda de la portada principal, realizada ya en el siglo XVII con vistosos mármoles de distintos colores.

La portada renacentista de mármol realizada en Génova en 1529 por Antonio Maria Aprile y montada en este lugar en 1935, seis años después, corona la fachada occidental. Dicha lacería fue renovada y sustituida en el siglo XVIII. En ella se acompañan tres cruces de Jerusalén como símbolo del Via Crucis que allí se celebraba cada año y la reminiscencia del viaje que don Fadrique hizo a la ciudad santa. Sobre la fachada de ladrillo visto podemos ver una cruz de jaspe de gran belleza en tonos ocre, blanco y negro realizada por Nicolás Ferrero y Andrés Correa, en 1630.
Casa de Pilatos. Sevilla
Historia y restauración
El recorrido entre esta cruz y el humilladero de la Cruz del Campo estuvo jalonado por cruces con peanas que señalaban las catorce estaciones del Vía Crucis. Casa de Pilatos. En el mes de Octubre de 1521, D. Algunos críticos han discutido la parte de gloria que corresponde a D. Fadrique Enriquez, en la edificación de este soberbios monumento de la cultura artística de Sevilla en los comienzos del siglo XVI; tipo perfecto del arte mudéjar. Esta casa mandaron hacer los ilustres señores D. Pedro Henriquez, Adelantado Mayor de Andalucía, y Doña Catalina de Ribera su muger; y esta portada mandó hacer su hijo D. Henriquezde Ribera Marqués de Tarifa, así mismo Adelantado. Asentose año de 1533.
La fachada occidental, el interior y las colecciones fijos en el palacio muestran una mezcla única de estilos que han convertido a la Casa de Pilatos en una referencia de la ciudad. La cronología de las obras y las intervenciones, desde las alas mudéjares hasta las reformas renacentistas, revelan la intención de sus promotores de combinar funciones palaciegas, religiosas y culturales en un entorno urbano excepcional. La estancia mantiene una de las piezas más destacadas: el artesonado mudéjar y la taracea de puertas y ventanas, que atestiguan una tecnología y un lenguaje artístico compartido entre Andalucía e Italia durante el Renacimiento.
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