Romper un plato: entre tradición, arte y memoria en la modernidad

Para los más supersticiosos, romper un plato o un espejo siempre es símbolo de mala suerte. Pero donde otros ven malas energías, yo veo nuevas oportunidades, como esta. Inspirada en los mosaicos modernistas que cubren fachadas, bancos y fuentes en rincones mágicos de ciudades como Barcelona, todo empezó con un accidente. Pero en lugar de lamentarlo, puedes guardar cada fragmento, como si fuesen piezas de un rompecabezas por reinventar y llevar a cabo esta manualidad.

Con un lienzo en blanco como base y una buena dosis de paciencia, comienza a colocar los trozos, probando combinaciones, buscando ritmo, como si estuviera componiendo una pequeña sinfonía de color y textura. Y sobre todo, con la imaginación. Porque cada trozo, cada grieta y cada forma irregular cuenta una historia. No hay reglas estrictas, lo importante es el ritmo visual, el equilibrio entre el caos de lo roto y el orden de lo que creas. Por último, aplica una masilla por encima o yeso en color blanco para fijar todo el mosaico y darle ese aspecto 'modernista' que estábamos buscando.

El resultado final parece una pequeña pieza escapada del universo de Gaudí. Los colores vibrantes de la cerámica, las formas caprichosas y los contrastes que nacen del azar. Colocada sobre una cómoda o como bandeja decorativa en una mesa baja, esta pieza hecha a mano no solo embellece el espacio, sino que cuenta una historia. La historia de algo que se rompió, pero no se perdió. En un mundo donde lo rápido y lo nuevo a veces nos hacen olvidar el valor de lo hecho a mano, este proyecto es un recordatorio. Decorar también puede ser una forma de detener el tiempo, de mirar lo roto con otros ojos y de dar valor a lo imperfecto.

escenas de mosaicos modernistas y cerámica

Si alguna vez has visto a alguien romper un plato en una taberna griega -o si lo has hecho tú mismo-, probablemente lo experimentaste como un acto espontáneo de alegría. Para entender la tradición hay que entender el rebetiko, el género musical que la hizo popular. Era una música intensa, melancólica y a la vez física. Cuando un cantante interpretaba algo que tocaba de verdad, los oyentes respondían de manera igualmente intensa: algunos lanzaban dinero al escenario, otros flores, y muchos -platos. No era vandalismo ni descontrol: era la expresión máxima de admiración.

"Romper un plato no era perder el control. En los años 30 y 40, las tabernas donde se tocaba rebetiko eran lugares donde esta práctica se normalizó completamente. Los dueños compraban platos baratos específicamente para esto. En el contexto musical del rebetiko, el plato roto es pura expresión emocional, la materialización del kefi -ese estado de alegría desbordante y entusiasmo colectivo que no tiene equivalente en español. En el contexto de bodas y celebraciones familiares, el significado se desplaza hacia lo simbólico. Romper algo valioso puede representar el rechazo de la mala suerte, la ruptura con el pasado o -en interpretaciones más antiguas- una ofrenda a los espíritus para que no envidien la felicidad de los celebrantes.

En 1969, la junta militar que gobernaba Grecia desde el golpe de 1967 prohibió oficialmente la práctica. La razón oficial era la seguridad: los fragmentos de cerámica podían causar heridas. El rebetiko en general había sido visto con desconfianza por los poderes conservadores desde los años 40. Era la música de los pobres, de los inmigrantes, de los que no encajaban. Los griegos respondieron con la creatividad que les caracteriza. Si no se podían romper platos, se lanzaban flores -especialmente claveles y rosas- al escenario. Otros usaban servilletas de papel, arrojadas en grandes cantidades para crear una lluvia blanca sobre los músicos. Con la caída de la dictadura en 1974 y la restauración de la democracia, la tradición recuperó su espacio. Pero algo había cambiado: la conciencia de los riesgos reales que implicaba la cerámica. Los platos de yeso se rompen con la misma facilidad que los de cerámica -o más-, no producen fragmentos cortantes y son muy baratos de fabricar. Las tabernas comenzaron a ofrecerlos en bandejas al final de la noche, con un precio incluido o como extra. Hoy es la versión estándar en cualquier "noche griega" para turistas, y también en muchas celebraciones privadas. Hay quien sostiene que la comercialización turística de romper platos ha vaciado la tradición de su significado original. La diferencia entre la tradición viva y el espectáculo no está en el tipo de plato ni en el precio de la entrada. Está en si el momento que precede al lanzamiento es real o fingido.

Quizás sepas de lo que te estoy hablando, me imagino que sí. Me encuentro con personas de todo tipo, y a veces pienso que qué le ha podido ocurrir a tal o cual para que actúe de ese modo. El otro día me encontré en una situación donde una persona, en plena sesión de coaching (eso me dijo) siendo yo la cliente, me juzgó, me dijo qué tenía que hacer (directamente) y alguna cosilla más totalmente alejada de lo que es el coaching de verdad (al que se va desde el respeto absoluto, sin juzgar y dejando al cliente que busque su camino y decida por él mismo). Esta persona, estaba haciendo transferencia conmigo, estaba proyectando algo en mí que le había ocurrido y quería que yo siguiera sus pasos. ¿con qué te quedas de todo lo que ha ocurrido?

VISIBLES INVISIBLES. El estruendo del sonido de un vídeo acompaña todo el recorrido por la muestra, junto con el inquietante silencio, antes que otra fractura o crujido nos sobresalte de nuevo. En el vídeo se muestra la acción de destrucción de una vajilla con una personalizada decoración impresa, que ahora, renacida, reposa en la pared cercana, domesticada y hogareña, reconstruida con sus cicatrices visibles junto a platos hermanos ilesos, parece susurrarnos aquí no ha pasado nada, yo no he sido. Otras piezas de cerámica pesan suspendidas en sus amarres temporales, modeladas imitando la forma de otro material más dúctil que recibe una presión exterior de la que aparenta querer liberarse. Otras imágenes sobre escayola, fragmentadas, se deslizan desde el rincón de la pared hasta el suelo, custodiadas teatralmente por las palas y picos que ahora descansan tras las destrucción. Documentos fotográficos que nos muestran el momento de la herramienta o las manos contra el material, ¿hablamos de fragilidades? Obras realizadas con diversas características de resistencias físicas, pero con la capacidad de ser fragmentadas por un golpe, una caída u otro tipo de agresión. Romper con las obsoletas normas sociales y la línea marcada del Yo no he roto un plato. Yo estoy dentro de los parámetros de lo que se espera de mí. “No puedo…” es un trabajo sobre la identidad y la representación. Elena Jiménez, Yo no he roto un plato, Casa de Cultura, El Campello, Alicante.

¡A romper platos!

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